La industria está abocada a adecuarse a la eficiencia energética

Uno de los objetivos de la política ambiental de la Unión Europea es reducir significativamente sus emisiones de gases de efecto invernadero y sus niveles de consumo de energía para este 2020.

Como parte de esta estrategia “20/30-20-20”, la UE se ha comprometido a lograr tres puntos clave:

  1. Reducir las emisiones de gases de efecto invernadero hasta en un 30%,
  2. Aumentar la proporción de energía renovable al 20%,
  3. Aumentar la eficiencia energética en un 20% en general.

Como parte de su plan, la UE diseñó el Reglamento (CE) 640/2009, en el que se establecen los requisitos de diseño ecológico para los motores eléctricos y los variadores de velocidad de conformidad con la Directiva 2009/125/CE del Parlamento Europeo. Tras diversas obligaciones legales relativas a la eficiencia de los motores en 2011 y 2017, el octubre de 2019 entró en vigor un nuevo reglamento que derogaba el anterior, el Reglamento (UE) 2019/1781 de conformidad con la misma directiva ya citada.

Esta nueva normativa se desarrollará en dos fases, en las que los motores IE3 e IE4 se convertirán, prácticamente, en un estándar:

  • A partir del 1 de julio de 2021, los motores trifásicos con una Pn entre 0,75 – 1.000 kW, con 2, 4, 6 u 8 polos, que no sean motores «Ex eb», serán de al menos eficiencia IE3 o cumplirán el nivel de eficiencia IE2 y estarán equipados con un control electrónico de velocidad. Además, los motores trifásicos con una Pn entre 0,12 – 0,75 kW, con 2, 4, 6 u 8 polos, que no sean motores «Ex eb», serán de al menos eficiencia IE2.
  • Del 1 de julio de 2023 en adelante, por un lado, los motores de seguridad aumentada «Ex eb» con una Pn entre 0,12 – 1.000 kW, con 2, 4, 6 u 8 polos, y motores monofásicos con una Pn igual o superior a 0,12 kW, serán de al menos nivel de eficiencia IE2. Por otro lado, los motores trifásicos que no sean motores-freno, motores «Ex eb» u otros motores protegidos contra explosión, con una Pn entre 75 – 200 kW, con 2, 4 o 6 polos, serán de al menos nivel de eficiencia IE4.

El impacto que hará que la industria evolucione hacia la eficiencia energética

En la actualidad, a menos de un año de que entre en vigor la primera fase del reglamento, aún hay una gran parte de la industria que tiene que adecuarse a ella.

Según datos de la Agencia Internacional de la Energía (IEA, por sus siglas en inglés), el 40% del consumo eléctrico global procede de los motores eléctricos. Si comparamos esta cifra con otros ejemplos, vemos cómo es una cantidad notable: la iluminación, que comúnmente se conoce como el gran consumidor de energía eléctrica, representa el 19%, menos de la mitad. Ante esta cifra, es esencial mejorar los niveles de eficiencia para reducir el consumo y, por ende, las emisiones de C02 emitidas a la atmósfera.

“Gracias a este reglamento se incrementará notablemente el uso de motores IE3 e IE4, lo que tendrá un impacto directo en la eficiencia energética del sector”, explica Román Cazorla, responsable del segmento MOEM en Eaton Iberia. “No obstante, la instalación de motores de alta eficiencia no se traduce automáticamente en una eficiencia energética real y optimizada, sino que hay otros factores que deben ser considerados cuando se diseña un sistema como este; tener en cuenta el sistema completo es crucial para maximizar la eficiencia energética”, añade.

Un enfoque integral para la eficiencia del sistema

Además de seleccionar un motor eficiente, hay otros dos enfoques que hay que tener en cuenta para reducir el consumo de energía del sistema: controlar la velocidad con una tracción variable en lugar de una válvula reguladora mecánica, y llevar a cabo una optimización general del mismo.

Para aumentar de manera efectiva la eficiencia de un sistema, por tanto, no es suficiente con reemplazar componentes individuales con productos más eficientes; el sistema debe considerarse como un todo. Los resultados óptimos sólo se pueden lograr en la interacción perfecta de todos los componentes y seleccionando la solución de automatización adecuada para la aplicación en cuestión.

“El enfoque integral también significa la necesidad de un análisis integral del consumo de energía de todo el sistema y de sus componentes, de manera que se puedan identificar brechas de eficiencia y se proceda a solucionarlas con las herramientas más adecuadas”, comenta el responsable de Eaton Iberia. “El Reglamento que entrará en vigor el año que viene es la base, pero tanto los fabricantes como los instaladores y la propia industria tenemos que buscar ir un paso más allá para implantar la directiva con éxito para el medio ambiente, sostiene.